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Global Center for Human Rights
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Un bloque provida latinoamericano en la ONU

En la 63ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU ocurrió algo inédito: Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Paraguay y Perú unieron sus voces para defender la vida, la familia y la soberanía de las naciones.

Fuerte freno a la agenda ideológica

Tras décadas de un avance ideológico que parecía imparable, seis países armaron un frente común para detener el aborto y la ideología de género en la ONU. Y lo lograron.

Durante la sesión, que se realizó del 7 de septiembre al 7 de octubre de 2026, se negociaron cuatro resoluciones con títulos atractivos pero con definiciones dañinas.

Por ejemplo, el documento sobre “Agua potable y saneamiento” no sólo pedía garantizar el acceso al agua potable, sino también asegurar la "salud menstrual" y los "derechos sexuales y reproductivos", que en la ONU incluyen el aborto, la ideología de género y la disolución del derecho de los padres a educar a sus hijos.

Y Francia había presentado una resolución sobre "Relaciones del mismo sexo" que ni siquiera explicitaba la ilegalidad de las relaciones sexuales con niños.

Pero esta vez las cosas fueron diferentes. Los seis países alzaron su voz al unísono y marcaron un límite:

  • Rechazaron que el aborto se presente como un derecho internacional.
  • Rechazaron la identidad de género y reservaron el uso de "género" sólo a mujeres y hombres.
  • Y reafirmaron los derechos de los padres y la soberanía de las naciones.

Los resultados fueron contundentes:

Francia tuvo que retirar su resolución.

Y dejar constancia del desacuerdo en los términos problemáticos tiene un efecto acumulativo clave en el derecho internacional: cuando se explicita la falta de consenso, se hace cada vez más difícil presentarlo como un estándar internacional.

a delegación de Perú lo expresó con claridad en una declaración ante el Consejo.

sobre relaciones entre personas del mismo sexo. El proyecto pretendía incorporar el concepto de «identidad de género» sin consenso internacional. Tras las objeciones y la falta de apoyo de países clave, finalmente fue retirado.

Colombia protagonizó un cambio histórico. Después de años de promover la agenda progresista en Naciones Unidas, se desmarcó formalmente de siete resoluciones, defendiendo la vida, la familia y el derecho de los padres a educar a sus hijos.

Nuestro equipo acompañó este proceso con análisis jurídico de las resoluciones y argumentos técnicos puestos a disposición de los gobiernos interesados. El mérito es de las delegaciones que decidieron hablar con una sola voz.

Lo que estamos viendo es mucho más que una victoria diplomática: es el comienzo de una nueva etapa para América Latina. Una región cuyos países empiezan a trabajar juntos para poner freno a la prepotencia ideológica de los organismos multilaterales y para recordar un principio esencial: la soberanía reside en el pueblo y son los ciudadanos, los que deciden como proteger la vida, la familia y la libertad religiosa, con sus leyes y sus instituciones.

Y esto recién comienza.

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